ELADIO AGUILERA

BIO

Eladio Aguilera (Los Corrales, Sevilla, 1995) empezó en el mundo del Graffiti del cual se desligó coincidiendo con su ingreso en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. En esta nueva etapa conoció a los que hoy son protagonistas y causantes de sus obras. En 2012 (hasta 2016) comienza como monitor de Graffiti en los Talleres Por La Paz de San Pablo de Buceite, este mismo año y de nuevo en 2013 es seleccionado en el Certamen Andaluz de Graffiti –Desencaja. En 2015 se participa en un taller con el pintor Golucho en el Espacio Cienfuegos de Málaga, seguidamente se traslada a un año a Barcelona. En 2016 participa en la residencia Inter-Meada en Portugal y en el VI Encontro de Artistas Novos. Recientemente ha sido seleccionado en el Certamen de Creación Joven de Sevilla. En la actualidad, se encuentra cursando su último año en el Grado de Bellas Artes y en Enero de 2017 inaugura su exposición “Somos preciosos, somos inútiles” en el Espacio Laraña junto a su compañero de batallas Juan Manuel Benítez.

 

STATEMENT

Como en la obra de los beats, estas obras surgen como una canalización autobiográfica para dar cuenta de los conflictos del sujeto con su realidad, en un proceso abierto de relaciones que pasan a la escritura con supuesta inmediatez, casi confesional, aunque a la vez distanciada, incluyendo su marco circunstancial y su anécdota. La experiencia que se comunica al espectador es, más que la anécdota, el proceso mismo de medir y valorar el impacto que ese episodio pudiera tener, tanto para el artista como para su posible espectador.

Se caracterizan por un retorno a lo íntimo: el fluir del tiempo, la evocación nostálgica de la juventud y la infancia, el amor, el erotismo, la amistad, la exaltación de lo banal, etc. En la atención por lo cotidiano surgen quejas, protestas y sátiras, que revelan un continuo inconformismo. Pero, otras veces, desemboca en cierto escepticismo dolorido, en una conciencia de aislamiento, de soledad. En el estilo es muy visible un voluntario alejamiento de los modos expresivos de las tendencias precedentes, es decir, un rechazo al patetismo de la “poesía desgarrada” (pese al frecuente sentimiento de desarraigo).

La intencionalidad expresiva desemboca en dejar claro cuando se encuentra el éxtasis de la experiencia y, por lo tanto, de la vida. La desmitificación de la vida en conflicto con la importancia de la misma en su fortaleza sensorial.

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